sábado, 13 de junio de 2009

Los mundos de Coraline




Los mundos de Coraline, de Henry Selick






No he sido partidaria de las películas de animación desde que pasé de los diez o doce años, pero la vida tiene a veces esas afortunadas coincidencias que nos hacen cambiar de opinión o, al menos, replantearnos nuestros prejuicios. Hace poco tuve la oportunidad de ver la espléndida Vals con Bashir, del israelí Ari Folman, que me impresionó por su capacidad para hacer poesía con imágenes. Esta tarde he disfrutado de la gratísima experiencia visual que es Los mundos de Coraline.

Al parecer, Los mundos de Coraline es un cuento para niños. Y digo al parecer porque yo lo pensaría dos veces antes de llevar a un niño a verla. Por dos razones. La primera es de tipo práctico: si el niño en cuestión es impresionable o propenso a las pesadillas, probablemente no pegue ojo en varias semanas. Selick toca todas las fibras del miedo infantil: puertas que encierran seres amenazadores, plantas y animales que se vuelven hostiles y agresivos, muñecos o juguetes malintencionados, soledad, abandono y oscuridad. La atmósfera es inquietante desde los títulos de crédito iniciales y la tensión sólo se disuelve en la escena final.

La segunda razón es más teórica. Como todo cuento para niños, la historia de Coraline encierra un mensaje, una moraleja, que no acaba de gustarme. Viene a decir que, aunque no estés conforme con tu vida, no debes intentar cambiarla porque, por muy bonita que te parezca la alternativa, al final será mucho peor. Pues bien, no me parece que la resignación y el conformismo sean valores que debamos transmitir a las próximas generaciones. Y menos con la que está cayendo.

Por lo demás, las deslumbrantes imágenes que nos ofrece Selick son motivo más que suficiente para ver la película. El ambiente sombrío, entre lo gótico y lo mágico, intriga y desasosiega. El personaje de Coraline está tratado con una delicadeza y una sobriedad poco corrientes.

Cada vez estoy más convencida de que la animación, como lenguaje, consigue transmitir experiencias que quedan fuera del cine convencional. Les decía al principio que yo la había probado poco y me estoy aficionando. Inténtenlo, no les defraudará.

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