domingo, 17 de mayo de 2009

Star Trek


Star Trek, de J.J. Abrams





Leo en soitu.es que el primer fin de semana de exhibición de Star Trek ha sido un éxito de taquilla en Estados Unidos, mientras que en España ha tenido resultados mucho más discretos. ¿Será que aquí no hay trekkies, como sospecha José Ignacio Wert? No lo sé, yo desde luego no tengo nada de trekkie, pero disfruté mucho de la serie y recuerdo con afecto la tripulación del Enterprise, el teletransporte y todos aquellos romulanos, vulcanianos o bajorianos tan extraños pero tan parecidos a nosotros.

Star Trek XI –la undécima ya- es lo que se ha dado en llamar una precuela, es decir, una película que narra hechos anteriores al inicio de la saga. En este caso, nos encontramos con el capitán James T. Kirk y el señor Spok al comienzo de sus vidas y de sus carreras.

La película no decepciona si lo que esperamos es una entrega más, incluso creo que ha mejorado la calidad sobre las anteriores. Es muy entretenida, mantiene un ritmo creciente y los efectos especiales son espectaculares. Las dos horas de metraje se hacen cortas. Claro que, a una producción de este nivel, todo esto se le supone.

Personalmente, me hubiese quedado más que satisfecha con lo anterior. Sin embargo, Star Trek XI tiene ciertas pretensiones que luego se quedan en nada. Ves naves flotando en el espacio al son de la música y crees que vas a recuperar algo de esa lírica galáctica que Kubrik nos enseñó. Ves viajes en el tiempo y crees que habrá algo de las complejas paradojas que leíamos en Asimov. Y al final, cuando todo eso se resuelve con un par de decepcionantes simplezas, te preguntas por qué se meterán en esos líos sin necesidad.

Todo lo salva Spok. El joven Spok mantiene el carisma y el misterio. El viejo, Leonard Nimoy, el Spok de toda la vida, es para mí lo mejor de la película. Lo peor, el personaje del capitán Kirk, un niñato fatuo y pendenciero que acaba resultando repelente.

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