
La duda, de John Patrick Shanley
Cuando elijo una película, no suelo fiarme del título. Demasiadas veces prometen y no cumplen. O son directamente engañosos o dan una idea equívoca de lo que se supone que uno va a ver. El título de La duda, en cambio, resume con toda precisión el sentido del argumento.
Leyendo la sinopsis, podría pensarse que trata de la pederastia de algunos clérigos, incluso de la permisividad y el silencio de las autoridades eclesiásticas. También podría parecer una reflexión sobre la calumnia o sobre el excesivo conservadurismo. Algo de todo ello hay en la historia que nos cuenta Shanley, pero el asunto de fondo es el que se anuncia desde el principio: la duda y lo que la duda puede hacer a las personas.
Dudamos durante toda la película, no hay tregua. Todos los personajes son ambiguos. El padre Flynn (Philp Seymour Hoffman), sacerdote tolerante, humano y querido, nos resulta simpático porque tiene que hacer frente a la hermana Beauvier (Meryl Streep), que representa la obstinación y la rigidez más rancia. Pero… ¿Y si el padre Flynn es un hipócrita o un hombre desorientado que no tiene criterio moral? ¿Y si la actitud de la hermana Beauvier no es intransigencia sino afán de justicia? ¿Y si ella tiene razón y es la única que se atreve a atacar el problema?
También dudamos de la hermana James, cuya inocencia a veces parece bondad y a veces ingenuidad excesiva; de Donald, el muchacho que es objeto del supuesto abuso; de la madre del chico, curioso personaje que tiene un papel muy breve pero que impresiona por sus motivos y su actitud tan incorrecta pero tan creíble; del resto de los alumnos, en fin, que no sabemos si menosprecian a Donald por ser negro o por ser “especial” en algún otro aspecto.
Esa tensión se mantiene hasta el final, sostenida por diálogos y escenas de gran dramatismo y por un ritmo medido meticulosamente, de forma que la acción es todo lo pausada que requiere la trama, sin llegar nunca a resultar lenta. Se nota que el guión está basado en una obra de teatro, pero se nota lo justo.
No me parece que La duda llegue a la categoría de obra maestra, ni siquiera a esa categoría de andar por casa que llamamos “peliculón”. Pero vale la pena verla por el magnífico trabajo de actores y por la expresiva puesta en escena. Hay momentos en que el lenguaje visual cobra pleno significado, momentos en los que Shanley nos dice con las imágenes mucho más que con los diálogos. Creo que esta suele ser una de las señales en las que reconocer el buen cine.
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