domingo, 1 de febrero de 2009

El curioso caso de Benjamin Button




El curioso caso de Benjamin Button, de David Fincher





El curioso caso de Benjamin Button es una de las favoritas para el Óscar a la mejor película, con un presupuesto de 150 millones de dólares y una taquilla en consonancia. El reparto es de lujo y cuenta una historia, cuando menos, curiosa. He oído a varias personas decir que se trata de la mejor película que han visto en muchos años. Tiene unos efectos especiales deslumbrantes. La ambientación y el maquillaje son perfectos. Los primeros diez minutos, magníficos.

Entonces… ¿Por qué no me ha gustado El curioso caso de Benjamin Button? Pues probablemente porque los árboles no dejan ver el bosque. Me explico: es tal el despliegue de medios, la belleza de la puesta en escena, la calidad de todos los aspectos de la realización, que la historia queda completamente descuidada. No puedo evitar pensar que se ha desperdiciado lo que podría haber sido un buen argumento: la vida vista al revés.

La idea del reloj que marcha hacia atrás, por ejemplo. Lo veo al principio y promete. Pienso que va a funcionar como leit-motiv, pero no es así. Pronto se diluye, se olvida y no reaparece hasta las últimas escenas, perdiendo toda la fuerza que debería tener en una película que va, precisamente, del tiempo.

Quizá lo más decepcionante para mí sea el propio protagonista. Uno espera que una vida tan inusual tenga experiencias, matices y emociones también inusuales, que hagan reflexionar y aporten ideas originales. No es así. Toda el esfuerzo se pone en reflejar con precisión la evolución (o involución) física del personaje. Sin embargo, la personalidad de Benjamin Button es completamente monótona, desde el principio hasta el final. Button no vive, simplemente pasa por la vida, sin que ésta le afecte apenas.

La historia de amor, que tenía todos los ingredientes para ser memorable, se queda en insípida y en algunos momentos resulta artificiosa. El desenlace se ve venir. Los personajes secundarios tampoco aportan gran cosa, parecen formar parte del mosaico de fondo. El metraje es, en mi opinión, demasiado largo. Al final, lo único que hace que el espectador no acabe aburriéndose es el innegable interés de averiguar qué aspecto tendrá Brad Pitt en la escena siguiente.

Así pues, si deciden ir al cine a ver esta película, prepárense a disfrutar de un gran espectáculo visual, a moverse a lo largo del siglo XX con mucho más que realismo, a valorar lo difícil que resulta llevar a la pantalla una historia tan enrevesada. Todo eso también es cine, claro que sí. Además, seguro que se lleva varios Óscar.

Ahora bien, no se extrañen si al salir se sienten extrañamente insatisfechos y se preguntan, como yo me he preguntado: “bueno, ¿y qué?”.

1 comentario:

  1. Es que de las poca películas donde Brad Pitt actúa muy bien y Jared Harris está genial en esta película, lo veo desde Mad Men, y es un gran actor.

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