sábado, 21 de marzo de 2009

The visitor


The visitor, de Thomas McCarthy

A pesar de Richard Jenkins estuvo nominado al Óscar al mejor actor protagonista, lo más probable es que The Visitor pase discretamente por las carteleras. Y no sólo porque hay estrenos mucho más llamativos en este mes de marzo, sino sobre todo porque se trata precisamente de una película discreta, en el mejor sentido de la palabra.

No es una cinta para quien busque espectáculo, acción, superproducciones, efectos especiales y repartos de lujo. Tampoco para quien necesite moralejas y personajes arquetípicos que sirvan de ejemplo o de enseñanza. Pero si a usted, como a mí, le gusta ver de vez en cuando una película bien narrada y bien interpretada, sin trampas ni esteticismos, con interés y emoción, no se pierda The Visitor.

La primera razón para verla es Richard Jenkins. Hacía tiempo que no tenía el placer de disfrutar una actuación tan verosímil. Parece que no interpreta, que McCarthy ha puesto ante la cámara un ser humano y no un personaje. Olvidamos que se trata de una ficción y nos parece estar contemplando una vida. Y esa vida llena la pantalla hasta tal punto que resta importancia a la temática social de la película. Es verdad que trata de la inmigración y la convivencia, pero es ante todo una historia sobre personas. Que sean ciudadanos o inmigrantes, ilegales o documentados, es lo de menos.

Y así, desde este punto de vista, se explica el desarrollo del argumento. El Profesor Vale, que vivía perdido en una existencia sin metas, que intentaba aferrarse a lo poco que le quedaba de sus días felices, encuentra por fin sentido donde menos lo esperaba, como un regalo que el azar le ofrece y que él tiene la valentía de aceptar.


La segunda razón es Hiam Abbass, espléndida actriz que no se limita a dar la réplica a Jenkins, que ya tendría mérito, sino que aporta además la cantidad exacta de carisma y de madurez para destacar por sí misma sin ensombrecer al protagonista. La armonía interpretativa que consiguen entre los dos es casi música.

La tercera razón es que The Visitor es una de esas historias que invitan a amar la vida sin disfrazarla, que no intentan engañarnos contándonos finales felices donde vencen la bondad y los ideales. La vida es injusta e ingrata, sí, pero aún así es hermosa y merece la pena luchar por ella. Aunque no lleguemos a la meta, aunque no haya recompensa al final del camino. Ese es el mensaje.

Y por si todo esto fuera poco, la película es una lección de utilización de la música como apoyo del argumento. La acción se estanca con el sonido del piano y se acelera al ritmo de los tambores, que transforman situaciones tópicas en escenas de enorme fuerza expresiva. La sencilla cadencia de la percusión se convierte en idioma común que trae consigo compañía, calor y amistad. Los instrumentos encandilan a la vez al Profesor Vale y al espectador, en un crescendo verdaderamente brillante.

Si el estreno de la última de Almodóvar les deja un hueco, consideren la posibilidad de ver The Visitor. No se arrepentirán.

No hay comentarios:

Publicar un comentario