
Gran Torino, de Clint Eastwood
Lo último de Eastwood puede considerarse una película menor, si la comparamos con la muy reciente El Intercambio, producción esta última más ambiciosa, más arropada por las promociones y, en mi opinión, injustamente olvidada en los Óscar de este año. Sin embargo, Gran Torino tiene todos los ingredientes que hacen de Eastwood el magnífico director que hasta los más reticentes han tenido que reconocer. Nunca ha firmado un producto mediocre.
Simpatizamos con Walt Kowalski desde el principio. Es ese tipo de personaje cascarrabias, amargado e intransigente con el que no estamos de acuerdo en nada, pero a quien entendemos muy bien. Su falta absoluta de tacto y su desprecio por las convenciones y las ideas modernas divierte y conmueve. También a nosotros, los espectadores, nos parecen superficiales sus hijos y sus nietos, nos resulta falto de experiencia el sacerdote y nos extrañan las maneras de los vecinos orientales. Eastwood nos hace cómplices de Kowalski a base de golpes de humor, para luego introducirnos en las capas más profundas de su personalidad y mostrarnos sus miedos, sus fantasmas y sus afectos. Poco a poco, escena a escena, va difuminándose la caricatura y apareciendo la persona. Esa evolución en el tono, sin saltos ni estridencias, es a mi juicio el mayor acierto de la película.
Gran Torino plantea tres grandes cuestiones: el choque entre gentes procedentes de distintas culturas, la soledad de quien ha visto cambiar el mundo que conocía sin haber aprendido a vivir en el nuevo y, por último, la violencia como círculo vicioso casi imposible de romper, que roba la paz a los viejos y el futuro a los jóvenes. Para las dos primeras, la solución que nos ofrece es la convivencia, el conocimiento de los extraños para llegar a entenderlos. Para la tercera, la visión es mucho más pesimista.
Kowalski actúa como lo que es: un soldado. Cuando comprueba que ganar batallas con los medios de que dispone no es suficiente, se convierte en estratega y planea con cuidado el golpe final, que sirve a la vez para la expiación y la victoria. Un desenlace contundente y redondo en todos los sentidos, pero que deja un regusto amargo. Es un precio muy alto para un éxito probablemente efímero y, en todo caso, parcial.
Quizá la única falta que se le puede poner a Gran Torino es que los demás actores no están a la altura de Eastwood, salvo tal vez Ahne Her, pero tengo dudas sobre si atribuirle el mérito a ella o al guionista. Sue es su primer papel en el cine, así que seguramente tendremos ocasión de valorar su trabajo como actriz en el futuro.
Saludos.
ResponderEliminarComparto tu evaluación de los actores, nada que destacar a excepción de Eastwood. Los temas del filme igual. No obstante no pienso que sea una película menor, quizá si que no tenga el coste presupuestario de "El intercambio", pero "Gran Torino" es una obra maestra en comparación con la otra. Pero no deja de ser una opinión.
Tienes razón, Opusprima. Cuando escribí "menor" pensaba en presupuesto y quizá también en ambición o, si quieres, pretensiones. Pero es un peliculón.
ResponderEliminar"El intercambio" me ha gustado muchísimo, aunque sólo sea por conseguir que Angelina no parezca de plástico. No me negarás que es un mérito.
Gracias por venir.