miércoles, 25 de febrero de 2009

El luchador




El luchador, de Darren Aronofsky





Sería casi una obviedad decir que la decadencia del boxeador es un tema recurrente en la historia del cine. Cómo olvidar a Bogart en Más dura será la caída (Mark Robson, 1956) o a Paul Newman en Marcado por el odio (Robert Wise, también 1956). La más reciente que recuerdo es la fantástica Million Dolar Baby, con la que Clint Eastwood nos ofreció en 2004 una visión original y perturbadora. Aunque El luchador no trate de boxeo sino de lucha libre, los planteamientos clásicos son prácticamente los mismos.

La película es previsible. Y esa previsibilidad, que en general se suele interpretar como un defecto, me parece en este caso un recurso utilizado con acierto. Me explico: ante un argumento sin sorpresas, que discurre implacable hacia un final esperado, la atención del espectador se libera de cualquier ilusión de suspense y se concentra en los sucesos, en los cambios de actitud de los protagonistas frente a lo inevitable. Así compartimos con ellos los momentos de rebeldía y de resignación, los intentos desesperados de cambiar el destino, las rendiciones cotidianas.

La narración es rotunda y a la vez delicada, despiadada pero respetuosa, de una eficacia difícil de conseguir sin caer en la tentación de trucos argumentales o golpes de efecto. Las emociones son tan reales que resultan conmovedoras por cercanas, que no por fáciles.

Randy "The Ram" Robinson es Mickey Rourke. Nadie más podría haber sacado tantos matices al personaje. Rourke se interpreta a sí mismo: un cincuentón que a duras penas consigue mantener el tipo, un rostro marcado por los estragos del tiempo, los excesos y la cirugía. Randy se tiñe las canas de rubio platino, se broncea con rayos UVA, se harta de anabolizantes, se pone las gafas para leer y se quita por las noches el sonotone antes de apagar la luz de la caravana donde duerme. Y Rourke consigue que cada uno de esos gestos, en lugar de transmitir humillación o miseria, nos parezcan heroicos. Hay momentos en los que creemos estar contemplando una pasión, un nuevo crucificado, sangrante y coronado de espinas, pero incapaz de redimir a nadie, ni siquiera a sí mismo.

¿Por qué no le han dado el Óscar? Supongo que porque se valora poco una interpretación en la que el actor hace de sí mismo. Es uno de los grandes debates que se plantean cuando se trata del trabajo de actuar. Hay quien defiende que un actor debe ser versátil, rico en registros, capaz de cualquier papel. Y hay quien aprecia al actor especialista, que sólo es apropiado para cierto tipo de personajes y que, en lugar de adaptarse a ellos, los absorbe y los enriquece. De Niro versus Nicholson.

De lo que no tengo ninguna duda es de que Randy "The Ram" Robinson es el mejor papel que ha hecho Mickey Rourke en toda su carrera. Claro que tampoco es que tuviese el listón muy alto.

Un consejo: no se pierdan la canción “The Wrestler”, escrita e interpretada por Bruce Springsteen especialmente para la película. Es un verdadero regalo escucharla.

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