lunes, 23 de febrero de 2009

Desayuno con Óscar

Nunca me quedo a ver la ceremonia de los Óscar, no porque empiece a unas horas inhumanas, que también, sino sobre todo porque se me hace eterna y me parece mucho mejor ver uno de esos amplios resúmenes que hoy lunes llenarán la programación televisiva. Sin embargo, reconozco que esta mañana, nada más levantarme de la cama, me he sentado al ordenador con la primera taza de café para conocer los resultados.

Quienes me leen –gracias– sabrán ya que Slumdog Millionaire era mi favorita y que El curioso caso de Benjamin Button me gustaba bastante poco, así que es una pena no haber participado en ninguna porra. De todas maneras, lo que tienen las quinielas de los Óscar es que son como las elecciones, todo el mundo gana. Los que aciertan, porque han acertado; los que se equivocan, porque así pueden adoptar un aire independiente y progre, diciendo con displicencia que todo eso es un manejo comercial de la industria imperialista y que las películas buenas de verdad son las que sólo conocen cuatro iniciados, sobre todo las checoslovacas en versión original subtitulada. Y puede que lleven algo de razón.

Pero como yo no soy lo bastante intelectual para hacer de crítico y me quedo en comentarista semanal sin pretensiones, puedo confesar que me encanta el cine norteamericano. Digo esto sin ninguna intención excluyente. De hecho, una de las películas que más me ha impresionado en los últimos años es la alemana La vida de los otros, que por cierto consiguió el Óscar a la mejor película extranjera en 2006. También tengo muchas cosas buenas que decir de las recientes españolas Camino y Los girasoles ciegos. No obstante, la verdad es que, en general, de cada diez películas que me gustan, nueve vienen de los Estados Unidos. ¿Qué le vamos a hacer?

Me alegro del triunfo de Kate Winslet, está espléndida en El lector. Me alegro también por Penélope Cruz, aunque “Vicky Cristina Barcelona” no me ha interesado lo más mínimo. Lamento, en cambio, que Sean Penn se haya llevado el Óscar al mejor actor. Su Harvey Milk es relamido y sobreactuado, sin comparación con el Randy Robinson de Mickey Rourke. Echo de menos también a Philip Seymour Hoffman como mejor actor secundario, por ese sacerdote presuntamente pederasta de La duda.

Y ahora, con el permiso de ustedes y una segunda taza de café, voy a ver las fotos de los modelos que han lucido las estrellas sobre la alfombra roja. Es, sin duda, lo más interesante de la ceremonia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario